lunes, 29 de septiembre de 2008

Duro de vender III


Me olvide de mencionar que cuando firmamos la compraventa en blanco entregamos los títulos del vehículo por lo que no teníamos ningún documento del auto ni comprobante de la venta y ningún contacto como para conseguir que el nuevo dueño pasara el auto a su nombre.

Enseguida lo que pensamos es que la automotora vendió el auto diciendo que nosotros dejábamos el país y que nunca tendrían que pagar ni un impuesto ni una multa por el vehículo, estábamos como locos y por suerte que lo de la visa fue lento porque sino la cosa podría haber sido así.

En nuestra locura pensamos cualquier cosa, entre ellas reportar el auto como robado, pero eso hubiese sido un desastre, ya que hubiesen llenado la compraventa de apuro y nos dejaban recontra pegados y con una denuncia falsa de nuestra parte, teníamos entonces que seguir jugando el juego y encontrar una vuelta hasta lograr algún contacto.

Entonces pasó lo increíble, lo inesperado, eso que es digno de que pase en una comedia berreta cuando el argumento está complicado, digamos que fue nuestro deus ex machina privado.

Resulta que mientras esperábamos por lo del registro cambié de trabajo y empecé a transitar por una zona del barrio cordón a la que jamás en mi vida iba y aunque ustedes no lo crean, ¡vi el auto en la calle!

Si, increíble pero cierto, ¿Cuáles son la probabilidades?

Yo pase en el ómnibus a toda velocidad y estaba 99% seguro de haberlo visto y obviamente también me pareció que la matricula era todavía de Montevideo, pero no me sentía seguro como para encarar al vendedor y ya saben cómo es la memoria, cuanto más pasaba el tiempo más dudaba de si lo había visto realmente o si mi imaginación y calentura me habían jugado una broma.

Una vez que me hice del papel del registro me fui para la automotora a meter pechera, pero antes por las dudas fui al lugar donde me pareció haberlo visto desde el omnibus ya que quedaba bastante cerca de ahí, con la esperanza de que estuviese estacionado en el mismo lugar otra vez; pero, no lo vi que decepción, me quede un poco mal y únicamente con el papel del registro me fui para intentar reclamar algún dato más, sin embargo otra vez el deus ex machina, en el camino de vuelta a la automotora, lo encontré otra vez!!!!

Si señor, estaba ahí con la misma matricula, los mismos pegotines… un poco sucio por cierto, pero estaba ahí en frente a mis ojos no daba crédito a mi suerte, ahí sí que agarre viento en la camiseta y me fui eufórico a enfrentar al chanta.

Una vez que nos metimos en la oficina, le mostré el papel del registro y le dije que estaba debiendo la patente yo, entonces lo dejé meterme todo el verso de Canelones por última vez y me pregunto si había hablado con la amiga de la intendencia que ella arreglaba todo y que yo me quede tranquilo… BASTA, le dije y el dialogo fue más o menos este:

- Para la mano de una vez ¿sabes dónde está el auto?
- En Canelones
- No está acá a cuatro cuadras y todavía tiene la misma matricula, ¿querés ir a verlo?

Por fin empezó a titubear, lo liquide con esa, por supuesto se me hizo el engañado en su buena fe y enseguida me dió el teléfono de la automotora que había conseguido el comprador.

¿Otra automotora? ¿Si me habías dicho que lo habías vendido vos y me descontaste 100 dólares más por la comisión que le diste al que había conseguido el comprador?

Bueno, esas preguntas no las hice, ya no valía la pena, de ahí no sacaba nada más así que me fuí y nunca más pisé, queda en Paysandú entre Minas y Magallanes así que esquiven esa zona si buscan comprar o vender auto.

(fin parte 3)

Parte 1
Parte 2
Parte 3
Parte 4

3 comentarios:

Roberto Clavell dijo...

Se puso buena la historia !!

Alejandra dijo...

Pero que pasó con el auto? ¿consiguieron que cambiaran el título?

Acosta dijo...

Esperen esperen… en un rato publico el final ya casi lo tengo pronto