martes, 11 de noviembre de 2008

La sobrevaloración de la experiencia


Antes de entrar en análisis reflexionemos sobre el distorsionado concepto de adultez en Uruguay.

Como podrán encontrar fácilmente en internet, un criterio amplio para separar las etapas de nuestra vida adulta podría ser el siguiente:

- Adulto joven de 18 a 40 años
- Adulto medio de 40 a 60 años
- Adulto mayor más de 60 años (a los que me refiero cariñosamente como viejos… no se me ofenda nadie)

Bueno, en nuestro país debido a varios problemas coyunturales es un hecho que esta escala esta corrida.

Para empezar, el adulto clase media típico se está independizando superados los 30 lo cual corre estos rangos mucho hacia arriba, también es muy normal hablar de una persona adulta media como joven y de un adulto mayor como medio, sobre todo por los que recién han abandonado la etapa previa, tal vez porque toda la población se está envejeciendo y se estiran los años productivos del adulto mayor.

En particular cuando se habla de líderes políticos que están en el entorno de los 50 años se los considera jóvenes, y luego de esa edad pasan a ser veteranos referentes de la política con experiencia “valiosa” sobre sus espaldas, por lo que nuestro espectro político de ”lideres” queda divido en dos franjas etarias, los jóvenes y los veteranos, sin términos medios, la gente debajo de esas edades tiene escasa participación en el concierto político, son como púberes y a lo máximo que pueden aspirar es a diputados o en algún caso a ministros, mientras forman su carrera para llegar a convertirse en los “jóvenes” lideres referentes del futuro, el resto los más jovencitos a militar, pegar carteles, pintar muros y repartir volantes.

Entonces, cuando hablo de jóvenes de aquí en más hablo de jóvenes de verdad, adultos jóvenes según los criterios que maneja el mundo y no los de Uruguay.

Entonces, aclarado esto, puedo depacharme:

No es novedad que el Uruguay está tremendamente envejecido, esto genera una masa electoral avejentada formidable y hace que toda la sociedad tome actitudes de “gente mayor”.

Yo creo que la sociedad es como un gran organismo y tiende a moverse como el ciudadano promedio que la compone, generando de diferentes formas las clases gobernantes que aseguren ese movimiento.

Tal vez este sea el motivo por el que los años vividos son un atributo tan deseado para un candidato en nuestro país.

Así estamos, siempre nos gobiernan veteranos de más de 60, muchas veces esgrimiendo como cucarda de experiencia sus logros o acciones de cuando eran jóvenes y protagonizaban la historia día a día.

Nosotros los jóvenes actuales buscamos el guía, las palabras sabias del viejo maestro, del gurú… la mente está atrofiada; yo se lo atribuyo a la conciencia social que hemos generado, el país viejo inculca mentalidad de viejo en sus componentes sin que importe la edad cronológica de cada uno de ellos, haciendo que no seamos consientes que tenemos un deber con nosotros mismos, con lo que representa ser joven.

¿Cuándo vamos a empezar a generar los cambios? ¿Cuando seamos viejos y todo lo que creamos saber sea lo que los viejos que estuvieron antes que nosotros nos inyectaron en la cabeza? ¿Hasta qué punto esas ideas van a ser realmente nuestras y no un libreto bien aprendido?

Dejemos de una vez ir a los viejos, no ignoremos sus palabras y analicemos su valor en cada caso, sobre todo para aprender de sus errores, pero es imperioso que generemos nosotros las soluciones para salir adelante, para cambiar de verdad.

Cuestiono desde mi muy humilde lugar que con los años se alcance la sabiduría, debería ser un concepto no asociado al tiempo que uno vive, sino más bien a la capacidad propia de cada individuo para aprehender y utilizar la información de su entorno, generando así las mejores soluciones para su comunidad.

No desconozco la existencia de jóvenes sin educación adecuada o educados por encima de su capacidad que no entienden lo que pasa alrededor, esos no pueden generar el cambio, pero seguro que algunos debe haber que pueden llegar a ser lideres con sus propias ideas y no con las formulas de hace décadas, los medios hoy son abundantes para el que quiere estar informado y pueden funcionar como catalizador, pero los canales para el que quiere proponer o liderar por fuera del sistema son muy duros.

Es innegable que algo que se gana con los años son mañas, se aprenden tretas, se contraen compromisos, se deben favores y se comprenden y utilizan los engranajes políticos para lograr la gran meta de que todo siga como siempre, de dejar que las mismas voces con diferentes caras hablen década tras década y a veces lamentablemente, ni la cara cambia.

Con todo respeto, ¿qué cambio puede ofrecer un líder de 60 o 70 o más que no sea muy parecido al terreno que considera seguro y que pisó toda la vida?

El viejo tiene una arrogancia entendible y natural, consecuencia de las batallas libradas, pero que generalmente lo llevan a pensar que las cosas solo se pueden encarar de la misma forma que él lo hizo y que intentar otra manera sería una pérdida de tiempo.
También, lamentablemente muchas veces cree que tiene la verdad, que sabe cómo funciona todo y no se da cuenta que el solo concluye en función a lo vivido y que hay mucho que se le escapa de las manos que podría ayudarlo a encontrar una mejor solución; realmente parece que es muy difícil que se le pueda enseñar algo nuevo.

El joven, sino se dejó engañar por el “yo lo sé todo” de algún viejo, tiene la inocencia intelectual que propicia el verdadero cambio y por sobre todo no tiene los vicios de la sobrevalorada experiencia que nubla el juicio y hace al hombre estancarse en la zanja del status quo.

En un país de viejos como este ¿podrán los jóvenes generar los verdaderos cambios y tomar su lugar en la conducción del mismo? ¿tendrán los viejos la sabiduría verdadera para darles un lugar en vez de seguir cuidando la chacra o creer que solo ellos pueden hacer las cosas bien?

Donde estará nuestro joven líder ¿ya habrá emigrado?


Próximamente: Ideas para rejuvenecer la política uruguaya
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1 comentario:

Leo dijo...

Nuestro líder emigró hace rato y yo voy tras él.
Que coincidencia, nos preocupan los mismos problemas.
Coincido con vos.