viernes, 21 de noviembre de 2008

Libros no prestamos


Como buenos lectores, nos encanta comentar libros con conocidos y no tanto, jugamos a ser críticos y discutimos sobre argumentos, defenestramos algunas obras y exaltamos otras sin tener la mínima preparación literaria (más que literatura en 3ro de liceo), que es más o menos lo que hace Juan Carlos Scelza los fines de semana comentando fútbol en VTV, con la diferencia de que a él le pagan bastante (me lo contó Gabito en el libro, jeje).

Volviendo... dada esta pasión y que nos encanta jugar al crítico, cometimos en el pasado muchas veces el error de ofrecer libros a nuestros interlocutores sobreestimando su interés real por el tema, tal vez en nuestra fascinación no interpretamos que a la otra persona le importaba un comino lo que estábamos hablando y que tanto daba si Stephen King parecía confundido en la mitad de apocalipsis o si lo último de Katzenbach viene flojísimo... la gente tal vez por cortesía aceptaba nuestro ofrecimiento y se llevaba algún ejemplar que al llegar a su casa lo archivaría en algún rincón y nunca más lo mirarían o lo leerían y olvidarían devolverlo.

Por supuesto que en todo caso descartamos la mala intención y reconocemos que los últimos culpables fuimos nosotros tal vez por no interpretar el lenguaje no verbal, ya que fuimos incapaces de captar algún: “eso me importa un pito, pero decirlo de frente queda feo”, que debió estar presente sin duda.

El que más me dolió perder, fue el potpurrí de cuentos de ciencia ficción que ven en la imagen y que después de revolver cielo y tierra para encontrarlo tuve que recomprarlo resignado.

Hace ya bastante tiempo que con Gabriela decidimos no prestar más libros y tratamos de mantener nuestra compostura cuando algún comentario literario surge para no ponernos a ofrecer y después lamentarnos por no recuperar.

Para mí lo peor era prestarlos y no recordar después quien lo tenía y quedar con esa sensación de que uno era el gil más grande del planeta y deseando haber nacido con buena memoria, y para Gabriela, lo peor era prestarlos y que la persona a la que se lo prestó le dijera “a mí no me habías dado nada”, por supuesto que es así porque ella sí que tiene buena memoria.

De las dos formas hemos perdido ejemplares, así que salvo por un circulo intimo en el que se ha probado que el ida y vuelta funciona, para con el resto del mundo la regla es: no pedimos libros prestados y tampoco prestamos... que le vamos a hacer.

1 comentario:

M dijo...

cómo te entiendo! Yo soy como Gabriela, sé quien tiene qué y desde cuando...

Uff no quiero hacer una lista de los perdidos, porque me pongo a llorar de la pena. A mi si me ofrecen, acepto y leo y devuelvo de inmediato. Si es aburrido, lo devuelvo sin leer. Pero en general prefiero pedir en la biblioteca que a alguien :)