miércoles, 2 de diciembre de 2009

Una ficción desde el otro lado


Edward Dean, nació en Australia, es nieto de emigrantes ingleses por parte de madre y por parte de su padre el apellido Dean se entierra en lo más profundo de la corta historia Australiana, al punto tal que no se sabe si el primero vino como recluso o como guardia del ejercito.

Se crió con mano dura en los 70 y asistió a un rígido colegio de las afueras de Dandenong.

Su casa de madera de la infancia, estaba en el número 75 de la calle McCrae y hoy en día forma parte del predio de una pequeña zona comercial.

En aquellos años la cuidad no es lo que es hoy, en la tarde temprano ya no había comercios ni tiendas y en la noche si había que salir era imprescindible una linterna o un farol por lo oscura que era la zona y en la city no existían ese montón de edificios que la hacen visible a kilómetros de distancia.

La iglesia de los domingos era obligatoria y la casa (que incluía la crianza de 5 niños) la llevaba su madre esencialmente, ya que su padre se ausentaba por largos periodos para trabajar en la mina y solo venía por temporadas cortas para descansar y disciplinar a los niños cuando excedían sus acotados límites de conducta.

Fue así que en sus jóvenes años aprendió todo sobre el respeto y la obediencia y como es que la letra con sangre entra, algo muy distinto a las técnicas modernas que hoy se utilizan en los colegios de toda la cuidad.

Compartió el salón de clase con algunos inmigrantes, 2 o 3, nada importante. Nunca tuvo una relación de amistad con ninguno pero el saludo de cortesía y alguna charla casual nunca faltaron.

Se casó con su novia del liceo y hoy tiene dos hijos (que llegaron un poco tarde) en edad escolar.

Luego del liceo (que terminó como pudo) su vida transcurrió sin tropiezos en trabajos duros pero muy dignos, como muchos de los australianos, viviendo bien pero viviendo al día y sorteando con algún tropiezo las crisis que le tocó afrontar al país.

Su curriculm muestra varios trabajos en fabricas y depósitos pero con el paso del tiempo cada día se sentía un poco más incomodo con estos empleos en los que cada vez más inmigrantes entraban a competir por los trabajos con los locales, gente que empezó a llegar primero de Europa, después de Asía y hasta de lugares tan remotos como Sudamérica, fue acaparando la mayoría de los puestos en las nominas.

¿Dónde estaban los australianos? ¿Porque se estaban quedando con todos los nuevos puestos las personas de otros países? ¿Los inmigrantes se están quedando con todo? ¿Qué pasará con mi país?

Esas preguntas y el sentimiento de cambio incontrolable e inexplicable lo fueron formando.

No entendía de necesidades de mano de obra, de necesidades demográficas ni de seguridad social para el futuro; solamente veía que su mundo se estaba moviendo.

Después de ahorrar un tiempo, pagó las clases y después de dar 2 veces el examen final, saco la libreta profesional para vehículos pesados.

Ahora maneja un ómnibus metropolitano en la línea de Cranbourne, un trabajo como cualquier otro pensarán ustedes, pero consideren que en el caso de Edward, le da la oportunidad de trabajar muchas horas en solitario, que es como se siente más cómodo.

No disfruta de los descansos, la mayoría de sus compañeros siguen siendo inmigrantes y las preguntas le siguen rebotando en la cabeza generándole al mismo tiempo algunos sentimientos de vergüenza y culpa.

Inmigrantes en el trabajo, inmigrantes en los empleos públicos, inmigrantes en todos los negocios de los shoppings, inmigrantes en todos los medios de transportes, hablando todos en sus idiomas haciéndolo sentir un poco extranjero en su propia tierra, casi todos los días.

Con estas ideas trabajando en su cabeza a diario, no es de extrañar que los sentimientos de recelo y desconfianza afloraran frente a la llegada permanente y en aumento de tanta inmigración al país.

Todo se amontona y atormenta su mente, solo en casa con su esposa o sus amigos más cercanos se abre un poco ya que hoy cualquier comentario de disconformidad con la política emigratoria o sus resultados es inmediatamente interpretado como racismo, liso y llano.

Tengan presente que acá no se puede decir ni hacer absolutamente nada que no sea polite, ni siquiera se puede hacer un sketch en tv donde un blanco se pinte la cara de negro (un lubolo, para los uruguayos) sin que se arme un escándalo nacional y sea tapa de todos los diarios.

Sus hijos no saben cómo piensa ya que en la escuela el 80 por ciento de los compañeros son extranjeros o hijos de extranjeros y sus propios niños han sido criados en un ambiente de tolerancia multicultural totalmente distinto al que él vivió y no podrían entender, ni admitir sus dudas y preocupaciones respecto a la inmigración. Para ellos es algo que sencillamente está ahí desde siempre y nunca se van a imaginar una sociedad sin la multiculturalidad de Australia.

Eddy siente día tras día como los extranjeros le están cambiando todo con sus costumbres, idiomas y vestimenta y lo soporta como puede.

No le gustan los guetos que se han formado, suburbios enteros que parecen otro país, donde se habla otro idioma y donde uno no puede ni comprar comida porque todos los letreros están escritos con signos ininteligibles.

No mal interpreten a Eddy, lo que le pasa es muy simple, él tiene miedo, mucho miedo e inseguridad. Esa es la base de todas sus tribulaciones.

Y Eddy no encuentra salida consciente, así que un acto fallido le da la única válvula de escape para liberar la tensión.

Cuando sube al ómnibus alguien que es notoriamente un inmigrante, mantiene siempre su agradable tono de voz, saluda cordialmente como a todos los pasajeros, pero antes de que la persona llegue a su asiento acelerara rápidamente (en forma inconsciente) para hacerlo trastabillar.

¿A cuántos habrá tirado? ¿Cuántos lo habrán denunciado? ¿Cuánto faltara para que pierda su trabajo?

En fin, las preguntas no importan ya que la “terapia” lo mantiene controlado y aceptando esta sociedad en la que vive, que se movió más rápido de lo que su mente pudo asimilar.

16 comentarios:

Alejandro Rinaldi dijo...

al inmigrante que desparamo en el bus fuiste vos?

Acosta dijo...

Naa, es solo ficción. :)

Eliana dijo...

Sea ficción o no, esta historia hace reflexionar

Acosta dijo...

Hola Eliana. Si, la idea es jugar un poco a ver toda esta realidad inmigratoria desde el otro lado, desde el punto de vista de una persona abrumada por el cambio, en general solo vemos la inmigración desde nuestra perspectiva y pensé que podía ser interesante. O será que tengo mucho rato para divagar en el tren, jejeje.

Dago dijo...

Interesante artículo, Andrés...Cual fué tu fuente de inspiración? Alguna cara fea, alguna mirada de reproche??

Alguna vez has ´platicado con algún austraiano respecto a ésto?

Saludos


Dago

Acosta dijo...

Hola Dago, no ninguna cara fea y ningún reproche por suerte.

Si, he hablado con algunos australianos de estos temas.

Abrazo

marina dijo...

Hola vivo en australia hace dos anos, me gusto mucho tu punto de vista, como mi marido es australiano, entiendo como se sienten los australianos ante la politica migratoria, mi marido es un trabajador incansable, y a veces mira las diferencias generadas a partir de la imigracion, a partir de la crisis se pueden ver miles de australianos sin hogar que viven a la interperie solo 100.000 en brisbane, debido a la gran demanda central link es bastante burocratico, no ayuda con la rapidez de antes, y entra el debate que pasa con los refugiados que poseen toda la ayuda, y la gente australiana?

Acosta dijo...

Hola Marina, es verdad, he notado que hay algunos sentimientos contenidos y un poquito de frustración por no poder expresarlos libremente.

Deben haber pocos casos en la historia de sociedades que reciben 200.000 inmigrantes permanentes por año con sus familias (más otro tanto que entra por otros medios y se queda) y pienso que la presión que se está generando sobre todos los servicios y sobre la sociedad en lo humano es considerable.

El tiempo dirá cómo evoluciona todo y ya veremos como el país va a lidiar con estos sentimientos contenidos si es que salen a la luz.

wilsonvalle69 dijo...

Andrés, interesante tu punto de vista, pero me llamo mucho la atención una parte donde dices que el se siente culpable, no se pero en varios blogs he notado que se tiene una imagen no muy positiva del trabajador local mmm o sera porque en Sur América estamos acostumbrados a rompernos la espalda trabajando entonces los vemos a ellos como diferentes y de pronto es que nosotros (Sudamericanos) vivimos para trabajar y de pronto el australiano trabaja para vivir.

Saludos,

Acosta dijo...

Hola Wilson, primero quiero mencionar otra vez que es una ficción.

Dicho esto te comento que hay veces que una historia sé cuenta sola y quedan cosas abiertas a la interpretación, si tengo que teorizar tal vez la culpa y la vergüenza sean sentimientos que afloran por no ser capaz de aceptar todo como se supone que debe hacerlo o por pensar de una forma que no va en línea con lo que la sociedad dicta, pero cada uno puede hacer sus propias conjeturas.

Respecto a lo del trabajo y si sirve de algo, yo tengo una opinión positiva del trabajador local.

Lo primero que uno tienen que tener claro acá es que las reglas son diferentes y uno no puede medir a esta sociedad con vara que usaba en Sudamérica.

Cuando uno entiende este primer concepto algunas comparaciones entre países pasan a ser irrelevantes.

En algún momento me voy a extender sobre esto... pero ahora me voy a dormir.

Abrazo

Leo dijo...

A mi me parecio genial la historia, es similar a lo que siento aca en montreal (notese similar no, igual)
Pero es que al menos las cosas tienen dos puntos de vista.
saludos y me gusto el post.

Acosta dijo...

Hola Leo, gracias por comentar y me alegro que te haya gustado.

Abrazo

Omar C. Hdz dijo...

Que tal,

Realmente es un post super interesante como dicen todos no hay sociedad preparada para esto es nuevo afortunadamente las nuevas generaciones verán como una sociedad multicultural tiene mucho que aportar.

Un sueño es el del mundo sin fronteras.. desafortunadamente creo que la humanidad se destruira así misma antes de ver un planeta sin fronteras; Ojala y me equivoque.

Excelente post, uno de los mejores y me sirve para ir con una mentalidad más abierta a la hora de llegar en el 2011 por allá.

Saludos desde la tierra del Tequila!!

Acosta dijo...

Hola Omar,

Es así, las aguas de la sociedad están turbias todavía y la entrada de inmigrantes todavía las sigue agitando, pero veo que con el tiempo se van a calmar sin dudas ya que las nuevas cabecitas están creciendo a la luz de una nueva sociedad y en un contexto totalmente diferente al de las predecesoras.

Abrazo y me alegro que este post te haya sido de utilidad.

Bye

Andrés Navarro dijo...

Muy interesante la historia. Y me movilizo una pregunta para hacerte. ¿Hay rechazo a los imigrantes ahi? ¿He escuchado por ahi que los Australianos son muy amables y acogedores? ¿Eso es asi? Contanos tus primeras experiensias cuando puedas. Me interesa saber si vamos a sufrir rasismo, discriminacion o algo por el estilo.

Muchas gracias por hacernos pensar en estas cosas.

Saludos
Andres

Acosta dijo...

Hola Andrés,

Para responder en detalle me voy a tomar un rato el sábado y voy a escribir un post, pero te tiro unos adelantos.

No hemos percibido nunca rechazo a los inmigrantes, si he escuchado algún comentario hacia grupos étnicos que se cierran en sí mismos y no tratan de integrarse a Australia.

Los australianos que nos hemos cruzado han sido todos muy amables y acogedores, es verdad.

No creo que debas preocupare por sufrir racismo, pero es como todo, algún tarado te podes cruzar, todo va a depender de la gente con la que te vincules, de la actitud que tengas y de tener un poquitito de suerte para esquivar al tarado de turno. ;)

Saludos